EN CÓNDOR SE ENSAYARON LOS ABUSOS DE IRAK
Por Manuel E. Yepe
En un informe presentado en Ginebra por la ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos Mary Robinson, la Comisión Internacional
de Juristas (CIJ) formuló en febrero último un llamado al presidente
Barack Obama a que ponga fin a las violaciones de los derechos
humanos presentes en la política de Estados Unidos luego de los
atentados del 11 de septiembre de 2001.
La Comisión pidió a Obama no sólo un cambio en el rumbo de esa
política sino que, además, se investigue a los responsables de haberla
ejecutado.
El informe, que fue elaborado por un panel de prestigiosos juristas
internacionales que durante tres años recorrió todas las regiones del
mundo haciendo audiencias por las que pudo constatar que el planeta
había hecho un espantoso retorno al pasado en materia de respeto del
derecho internacional y de los derechos humanos, alertó que “si no
logramos actuar ahora, nos arriesgamos a que los daños infligidos al
derecho internacional se hagan permanentes”.
Las conclusiones del panel delinean el panorama de terror difundido
por la primera potencia mundial, extendido a numerosos otros Estados
del mundo que se aprovecharon del clima para arreglar sus propias
cuentas, según valoración del periodista Eduardo Febbro en un trabajo
publicado por Página/12, de Argentina, centrado en una entrevista con
Federico Andreu Guzmán, consejero general de la CIJ.
Andreu Guzmán señala que en el informe “se le pide a la nueva
administración norteamericana que revise toda la política que se
adoptó a partir del 11 de septiembre de 2001 mediante la ley
patriótica. […] Por ejemplo: las prácticas que consisten en mantener
presa a la gente de manera incomunicada, de modo permanente,
indefinido, viola preceptos básicos del derecho internacional, de los
derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Las
conquistas que se han logrado desde la Declaración Universal de los
Derechos Humanos han sido vulneradas; […] las famosas rendiciones
extraordinarias [a cuyo amparo los sospechosos de terrorismo son
enviados a otros países diferentes de Estados Unidos para
encarcelamiento e interrogación], son una forma de secuestro
internacional. Ha llegado entonces la hora de superar esto”.
Al comparar el periodista la forma estadounidense de actuar mediante
secuestros, arrestos indiscriminados, torturas, traslados clandestinos
y detenciones sin cargos con lo que aconteció en la Argentina en la
Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, Andreu Guzmán señala:
“Si uno revisa, por ejemplo, el informe sobre la Argentina elaborado
por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1987, se verá
que mucho de lo que se hizo durante la lucha antiterrorista es muy
parecido. La Operación Cóndor es muy similar a la política de
rendiciones extraordinarias implementada por Estados Unidos. En la
Operación Cóndor se secuestraba gente en un país y luego aparecía en
otro país. Hay muchas similitudes con los viejos métodos autoritarios
de enfrentar problemas reales o supuestos.
“Y hay que acordarse de que tan pronto se produjeron los terribles
eventos del 11 de septiembre, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó
la resolución 1371 que creó la obligación, para todos los Estados
miembros de la ONU, de combatir el terrorismo. Esa resolución dio una
inmensa discrecionalidad para hacerlo, sin recordar las obligaciones
en materia de derechos humanos, de derecho internacional humanitario,
ni derecho de refugiados. […] En realidad, no hay una guerra contra el
terrorismo. Hay actos de terror en ciertos países que se pueden
controlar, cuando se dan en tiempos de paz, con operaciones de policía
y, cuando se dan en tiempos de guerra, con los estándares que
prescribe el derecho internacional humanitario”.
El informe del CIJ pide al presidente Obama que remedie los abusos de
la lucha antiterrorista y que se haga una investigación “amplia y
transparente”. Al respecto, Abreu Guzmán puntualiza:
“En el curso de esta llamada guerra contra el terrorismo se cometieron
muchos abusos. […] cuando sabemos que todo esto no fue objeto de
decisiones individuales sino de una política de Estado, uno podría
plantearse si esto no entra en la configuración de crímenes de lesa
humanidad. La tortura fue también ampliamente practicada, así como las
detenciones arbitrarias por tiempo indefinido. Creemos que es hora no
sólo de que se anulen todas estas medidas, sino también de que se
investigue a los responsables que planearon y ejecutaron estas
medidas.”
Aunque los medios de prensa corporativos a nivel mundial lo oculten,
son tristemente evidentes las características similares de los abusos
cometidos por las fuerzas de ocupación de EEUU contra sus prisioneros
en Irak y los desmanes contra los revolucionarios y sospechosos de
serlo detenidos en las cárceles de las tiranías militares de
Latinoamérica con asesoramiento de expertos militares estadounidenses,
hace algunos años… pero aún pendientes de justicia.
Abril de 2009
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DILEMAS DE LOS PODERES MEDIÁTICOS
Por Manuel E. Yepe
Cuando se habla del poder de las armas que Estados Unidos ha mostrado
en sus “guerras de posguerra” -siempre contra adversarios mucho más
débiles desde el punto de vista de la capacidad material militar- y se
le suma la constatación de las nuevas tecnologías de que también hace
gala, que son inaccesibles para naciones con un nivel menor de
desarrollo, se pasa por alto otro elemento que hace más profunda aún
la brecha: Los recursos mediáticos que Washington dedica a sus
objetivos de política exterior y sirven prioritariamente a propósitos
militares, tanto en terreno propio como en el de los adversarios.
La promoción de ideas guerreristas con sutiles pero sostenidos métodos
científicos, conforman en la población estadounidense las condiciones
receptivas necesarias para que sean admitidas las fechorías de laélite del poder. Ese es el principio.
La publicista estadounidense Amy Goodman de Democracy Now sostiene
que los estadounidenses creen los argumentos fraudulentos del
gobierno, no porque sean tontos, sino porque los han convertido en“buenos consumidores de los medios de comunicación que, a su vez, se
desempeñan como caja de resonancia de quienes ostentan el poder en
Washington” (Seattle Times, 3 de abril de 2005).
Sin embargo, en la confrontación con Cuba se ha evidenciado que la
manipulación de la información acerca la Isla, si bien ha promovido
odios y prejuicios para argumentar acciones infames, se ha revertido
internacionalmente contra los promotores, como pudo constatarse en la
reciente Cumbre de la OEA en Puerto España.
El enfrentamiento con Cuba tuvo su origen en la negativa del gobierno
de EEUU a aceptar la emancipación de la Isla de su esfera de dominio,
por el peligro de extensión del fenómeno en el Hemisferio.
A la distancia de medio siglo, se aprecia que lo mejor para ambas
naciones, y el continente en su conjunto, habría sido el
reconocimiento de la legitimidad de la lucha del pueblo cubano contra
la cruenta tiranía que sufría y de la revolución popular como fuente
del derecho de los cubanos a reconstruir su país tal como lo
decidieran por sí mismos.
En vez de aplicar tan simple lógica, Estados Unidos desató una
ofensiva propagandística en gran escala contra la revolución cubana,
apoyándose en una política de aislamiento internacional de la isla
que, lejos de disminuir la influencia de las ideas patrióticas
opuestas a la hegemonía estadounidense, la alimentó y contribuyó a
darle el alcance continental que hoy tiene.
El gobierno norteamericano utilizó a criminales de la dictadura
derrotada prófugos de la justicia en acciones de propaganda y
terrorismo, y continuó atrayendo para esos fines a nuevos emigrados
afectados por las leyes de beneficio social de la revolución.
El bloqueo económico, comercial y financiero, eufemísticamente llamado“embargo”, fue decretado en 1962, diseñado para “derrotar la
revolución (…) a través del desencanto y el desaliento basados en la
insatisfacción y las dificultades económicas, (…) negarle dinero y
suministros a Cuba para disminuir los salarios reales y monetarios a
fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno
cubano (…)”, según definición del Departamento de Estado.
Tenía como objetivos propagandísticos fundamentales promover la
emigración de los afectados atribuyéndoles una motivación política así
como impedir éxitos económicos que beneficiaran la imagen de la
revolución cubana.
Ante la firmeza con que el gobierno cubano rechazaba el manejo del
bloqueo como moneda de cambio por concesiones de cualquier tipo, la
propaganda estadounidense fue acuñando slogans como los de que "el
gobierno cubano usa el embargo para encubrir sus errores" o “Cuba no
está interesada en el fin del embargo”.
Cuando se constata la gran proporción de estadounidenses que aún hoy,
seis años después del genocidio contra Irak, piensa que ese país tenía
armas de destrucción masiva antes de iniciarse la guerra o que Saddam
Hussein proporcionó apoyo directo a la red terrorista Al Qaeda, uno se
pregunta por cuánto tiempo, luego que Estados Unidos rectifique su
conducta y normalice sus relaciones con Cuba sobre bases de mutuo
respeto, seguirá habiendo norteamericanos que crean que “Castro era un
dictador” o que “Cuba estaba aislada en un mundo que respaldaba la
política de EEUU”. O que en Cuba se violaban los derechos humanos y
sus habitantes no apoyaban la revolución, rechazaban el socialismo y
las ideas del comunismo, y por eso emigraban. ¿Cuántos seguirán
creyendo que Cuba fue alguna vez una amenaza para la seguridad de EEUU
o que era un país donde no había elecciones ni funcionaba la
democracia, se reprimían las ideas y se encarcelaba a los disidentes?
No obstante la constatación de la falsedad de estos asertos, que
estará al alcance de millones de visitantes estadounidenses cuando
algún día se les levante por su gobierno la prohibición de visitar a
Cuba, los prejuicios sembrados por los muchos millones de dólares de
los contribuyentes usados en la propaganda contra esta isla tardarán,
lamentablemente, mucho tiempo en curarse.
Abril.de.2009....................................................................................................
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ALGUIEN DEBÍA EXPLICAR AL PRESIDENTE OBAMA
Por Manuel E. Yepe
Alguien debía explicar al Presidente Obama que los cambios en el
panorama de América Latina y el Caribe que pudo apreciar de cerca en
la Cumbre de la OEA de Puerto España, comenzaron en 1959, en Cuba. No
se puede separar el árbol de sus raíces.
Fue la revolución cubana el acontecimiento que abrió la ruta que, de
acuerdo con las condiciones específicas de cada nación de la región
latinoamericana y del Caribe, han recorrido de diversas maneras los
pueblos para hacerse un poco más libres y más dueños de sus riquezas y
sus sueños.
Desde el triunfo de la revolución cubana hasta la victoria en este año
2009 del candidato presidencial del Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional de El Salvador, en apenas 50 años, los pueblos al
Sur de los Estados Unidos han venido librando y ganando combates por
su segunda y definitiva independencia que, en su conjunto, expresan el
gran cambio en América Latina y el Caribe que tanto contrasta con el
aferramiento de Washington a un pasado de dominación imperial
insostenible.
Son muchos los admiradores de Obama que lamentan verlo como repetidor
de consignas con relación a Cuba propias de la peor retórica
neoconservadora.
Se ha convertido en regularidad que, cuando Obama formula ideas de
corte progresista o novedoso, enseguida salen asesores suyos que
corrigen lo dicho por el Presidente.
Así ocurrió, por ejemplo, durante la celebración de la Cumbre de la
O.E.A. en Trinidad y Tobago, cuando el asesor principal del
Presidente, Jeffrey Davidow, identificado por la prensa como “el
Director de la Cumbre de las Américas”, ofreció su versión a la prensa
de una determinada actuación del Presidente y parecían dos ocurrencias
diferentes.
“Si Obama se mueve hacia una nueva diplomacia, Dadidow lo hace hacia
una vieja” explicó el activista demócrata Tom Hayden en un artículo
publicado el 21 de abril en el periódico Huffington Post con título“Obama y su dinosaurio en Trinidad”.
Luego que el Presidente venezolano Hugo Chávez, en gesto diplomático
de alta significación política, regaló a Obama un libro sobre la
historia de las intromisiones de los gobiernos de Estados Unidos en
América Latina, del afamado escritor uruguayo Eduardo Galeano, y el
presidente Obama agradeció el hecho como “un gesto bonito”, Davidow
calificó despectivamente la actuación del Jefe de Estado venezolano,
en entrevista con la cadena ABC de televisión.
Dijo Davidow que Hugo Chávez pretendía beneficiarse de la popularidad
de Obama en Venezuela, “que es mayor que la suya”. Trascendió en esta
afirmación la intención del asesor de ridiculizar a su jefe, con una
especulación que ignora las muchas ocasiones en que Chávez ha
triunfado ampliamente en consultas electorales en su país y el
acendrado patriotismo de los venezolanos.
Estos criterios del asesor presidencial armonizaban, eso sí, con las
críticas a la relación con Chávez formuladas a la cadena Fox por el ex
vicepresidente Richard Cheney, en una entrevista que también dedicó a
defender los métodos de interrogatorio de la CIA y afirmar que durante
mucho tiempo EEUU ha sido el país líder del mundo y "no creo que haya
mucho de que disculparnos”, censurando así pronunciamientos públicos
de Obama en su viaje a Europa.
En la misma dirección confluyeron las declaraciones de Newt Gingrich,
de quien se dice que aspira a la candidatura presidencial republicana
en las elecciones de 2012. Señaló que la imagen dada por Obama al
estrechar la mano del presidente venezolano, Hugo Chávez, le hizo
recordar al ex presidente Jimmy Carter, a quien los neoconservadores
desdeñosamente consideran un "débil".
Lo que se vio de la Cumbre de las Américas no fue mucho, pero fue
suficiente para concluir que Estados Unidos está aislado en un
continente que hasta hace poco dominaba a su antojo y que esto es el
resultado de un proceso de luchas de los pueblos de la región por su
independencia, paradójicamente incentivado por la exacerbación de los
afanes expansionistas e intervencionistas de los neoconservadores
estadounidenses y su proyecto de implantar un desatinado “nuevo siglo
americano” de dominación.
Muchos estadounidenses conocedores de la realidad cubana que son
seguidores y simpatizantes de Barack Obama, porque lo consideran la
persona inteligente y honesta que necesitaba su país en la actual
situación de crisis, se han mostrado preocupados por el hecho de que
el nuevo presidente esté siendo asesorado por personas manejadas, o
captadas, por los neoconservadores, Hillary Clinton entre ellas.
Aprecian que el fantasma neoconservador, que ha controlado el poder
real en Estados Unidos a partir del gobierno de Ronald Reagan y que
logró sobrevivir ejerciendo poder “tras bambalinas” durante el período
de Bill Clinton para reasumirlo después hasta el gobierno de George W.
Bush, pretende prolongarse en las tinieblas en tiempos de Barack
Obama, evitando, si es posible, concesiones tales como la renuncia al
bloqueo a Cuba, hasta renacer más tarde.
Así, en mi opinión, lo perciben muchos observadores desde los sectores
más objetivos y sanos de la política estadounidense.
Abril de 2009. .....................................................................................................................................
LA LEY DE AJUSTE CUBANO AL DESNUDO
Por Manuel E. Yepe
“Drástica reducción de la migración ilegal de cubanos hacia EEUU”,
titula el diario en español El Nuevo Herald, de Miami, una noticia que
desnuda la falacia de que la llegada desordenada e ilícita de cubanos
a Norteamérica obedece a motivaciones políticas.
Según la nota, publicada el 23 de abril de 2009, “Al concluir el
primer semestre del año fiscal 2009, las estadísticas del Departamento
de Seguridad Territorial (DHS) muestran una notable disminución en la
afluencia de cubanos, tanto por vía marítima como por los puntos de la
frontera con México y Canadá.
“Los datos indican que apenas 4,554 cubanos han buscado refugio en
territorio estadounidense por diversas vías desde el pasado octubre,
una cantidad muy inferior a los 14,061 que arribaron durante el ano
fiscal 2008.
Más adelante la información reconoce que “los cubanos que logran
entrar a territorio estadounidense pueden obtener estatus de residente
legal gracias a la Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966”, pero
pretende explicar la reducción de su frecuencia aludiendo a un
supuesto “reforzamiento de los controles en el estrecho de la Florida,
así como a una mayor coordinación en el trabajo de las agencias
dedicadas a la vigilancia de las fronteras y la severidad de las
acciones legales emprendidas en los tribunales contra los
contrabandistas”.
Concluye que, aunque existan muchos factores para explicarlo, la
crisis económica es la causa mas poderosa en esta disminución del
flujo migratorio de los cubanos, pero limita esta consideración al
hecho de que, por efecto de la grave situación económica y el desplome
financiero que afecta particularmente al sur de la Florida, los viajes
de contrabando humano desde Cuba hacia las costas estadounidenses se
han convertido en incosteables en medio de la crisis.
Solo al final del texto, se acerca la información al meollo de la
cuestión: “Muchos cubanos que antes estaban dispuestos a emprender una
aventura marítima para probar fortuna en Estados Unidos lo están
pensando ahora dos veces, desestimulados por las recomendaciones de
sus familiares que han perdido sus casas y empleos en este país.”
Es sabido que en la estrategia agresiva que contra Cuba han llevado a
cabo diez gobiernos sucesivos de los Estados Unidos anteriores al
actual de Barack Obama, el fomento de la emigración desordenada de
cubanos ha servido al propósito propagandístico de presentar el
fenómeno como muestra del fracaso del proyecto revolucionario de la
isla. De ello deriva la falsa idea de que todos los inmigrantes
cubanos en Estados Unidos están allí por motivos políticos.
El bloqueo económico y financiero; las amenazas de agresión militar;
los intentos de exclusión y aislamiento político y diplomático,
confluyen en el propósito de promover el descontento y debilitar el
formidable apoyo popular a la dirección revolucionaria que ha dado
solidez y consecuencia a su proyecto.
Desde noviembre de 1966, hace 39 años, la Ley de Ajuste Cubano ha sido
el mecanismo que Estados Unidos ha utilizado para robar al país sus
científicos, profesionales, técnicos, deportistas y artistas, así como
nutriente de sus amenazas de provocar una crisis migratoria entre los
dos países que justificaría una eventual agresión militar.
La Ley de Ajuste Cubano hace elegible de manera automática para
recibir residencia permanente, un año y un día tras su arribo a
Estados Unidos, a los cubanos llegados ilegalmente, prerrogativa que
no se ofrece a ciudadanos de ninguna otra nacionalidad. ¡Hay que ser
cubano!
A ese privilegio no se accede en condiciones de emigración legal más
que cuando se trata de desertores en misiones oficiales o de trabajo
y, como regla, exige el riesgo de la vida a los potenciales
beneficiados, frecuentemente una azarosa travesía por mar en la que se
estima que muere no menos del 15% de los que la intentan.
El realce publicitario es proporcional a la espectacularidad de cada
caso. Cuando involucra a menores o ancianos se enfatiza en ello
morbosamente. Obligatoriamente se subraya que los inmigrantes “huyen
de sistema comunista, la represión del régimen y el desastre de la
economía cubana”.
Quien se guíe por las informaciones en la prensa estadounidense
supondrá que existe en Cuba una ansiedad emigratoria mayor que en
cualquier otro país del hemisferio, cuando la realidad es la inversa.
Cuba, pese al bloqueo económico de medio siglo y la vigencia de la
criminal Ley de Ajuste estadounidense, es el país con menor presión
emigratoria en el área, muy inferior a la de Haití, República
Dominicana, México y casi todos los demás países centro y
suramericanos.
La mentira flagrante de que la inmigración ilegal de cubanos es de
origen político ha quedado demostrada en años recientes con el hecho
de que los cubanos emigrantes a Estados Unidos en las últimas dos o
tres décadas regresan como visitantes a la isla al poco tiempo de
haber salido y, de hecho, según todas las encuestas, se ha registrado
un cambio en el sentir colectivo de la comunidad cubana en ese país
respecto a las relaciones con su patria.
La noticia de que la inmigración ilegal de cubanos en Estados Unidos
se ha reducido a partir de la crisis económica que afecta a la
superpotencia, denota el carácter económico y no político de este
flujo. Desnuda con ello la falsedad de los argumentos que provocaron
la promulgación y criminal ejecutoria de la Ley de Ajuste contra Cuba.
Abril de 2009.........
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CUIDADO CON EL TURISMO DE ESTADOS UNIDOS
Por Manuel E. Yepe
Las ventajas y los peligros de que Cuba se abra a visitantes de
Estados Unidos han comenzado a valorarse desde los más diversosángulos e intereses, tanto en los Estados Unidos y Cuba como en otros
contextos.
Al norte del estrecho de la Florida -dejan ver las encuestas-, la
ciudadanía favorece el levantamiento de la prohibición de los viajes
a Cuba, pese a la campaña difamatoria contra el proceso político
cubano que se desarrolla en aquel país desde hace medio siglo.
Fuentes informadas calculan que unos cuarenta mil ciudadanos de los
Estados Unidos entran cada año a Cuba a través de México o Canadá para
disfrutar de vacaciones, a riesgo de ser sancionados como
transgresores de las leyes migratorias de su país, pero con pleno
conocimiento de las autoridades migratorias cubanas. La cifra aunque
insignificante en el gran total de 2,3 millones de visitantes
recibidos en 2008, es reveladora, considerando las severas condenas a
que se exponen estos vacacionistas furtivos.
La posición invariable del gobierno cubano al respecto ha sido la de
no obstaculizar la visita de estadounidenses a Cuba, como parte de su
política de combate al aislamiento.
En recientes declaraciones, el Presidente de la Asociación de
turoperadores de los EEUU, Bob Withley, sostuvo que existe una mística
con relación a Cuba, precisamente porque mucha gente quiere ver“aquello que nos ha sido negado como un derecho.”
Hace algún tiempo, en pleno mandato de George W. Bush, el Congreso
estadounidense -sin la mayoría demócrata que hoy tiene- aprobó
resoluciones contra la travel ban (prohibición de los viajes), que no
avanzaron por la amenaza del veto presidencial.
En días recientes se supo que un grupo senatorial bipartidista en
Washington movía un nuevo proyecto legislativo que levantaría la
prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre los ciudadanos de los
Estados Unidos. Se indicaba que la iniciativa representaría para los
empresarios estadounidenses ingresos de entre 1 200 y 1 600 millones
de dólares anuales y crearía en aquel país alrededor de 23 mil
empleos.
El seis de mayo, el ex presidente James Carter declaró al diario Folha
de São Paulo, de Brasil, que las iniciativas adoptadas hasta ahora por
Obama para flexibilizar las restricciones dictadas contra la isla han
sido menos osadas que lo que sería deseable y no tan buenas como las
de las dos Cámaras del Congreso, que hoy está un paso por delante del
presidente con respecto a Cuba.
En opinión de Carter, “el próximo paso debería ser la remoción
inmediata de todas las restricciones de viaje a la isla… El fin del
embargo vendrá enseguida”.
Este último razonamiento es claro. Si se calcula que no menos de 3
millones de ciudadanos estadounidenses se beneficiarían cada año del
levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba, es lógico que el
empresariado de ese país exigiría participar en el reparto de los
beneficios económicos que generaría ese turismo en vez de cederlo
graciosamente a sus homólogos de otros países que ya están integrados
en la industria turística cubana.
Contra la medida de reconocer el derecho constitucional de los
ciudadanos estadounidenses de viajar al único país que les está vedado
por ley, sobresalen en el ámbito legislativo los congresistas de
origen cubano conocidos como “los batistianos” (por sus raíces en la
tiranía de Batista, derrotada por la revolución), promovidos por
cuatro sucesivas administraciones de orientación neoconservadora,
desde Ronald Reagan hasta Bush junior, incluida la de Bill Clinton.
También en el Caribe se sigue atentamente la posibilidad de que
Estados Unidos levante la prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre
sus ciudadanos porque el destino Cuba constituye una competencia muy
seria en el mercado de turistas estadounidenses.
Pero los empresarios antillanos de la industria de los viajes y el
ocio, entre quienes se esperaba que cundiera el pánico, están
hablando, más que de los peligros, de los beneficios que aportaría la
nueva situación si ésta deviniera incentivo para toda la región.
En Cuba, hay un crecido número de partidarios de que el turismo
estadounidense vuelva a ocupar el lugar preponderante que tuvo antes
de la revolución, hace 50 años, considerando que es evidente la
complementariedad económica en el sector.
La afluencia masiva de turistas del opulento país vecino es vista como
una forma que tendrían los ciudadanos de aquella nación de resarcir a
los cubanos tantos sufrimientos y privaciones que, a lo largo de 50
años, les han impuesto los gobiernos de Estados Unidos.
Otros, desde posiciones que se definen como menos ingenuas, consideran
que el arribo en gran escala de visitantes del país líder del
capitalismo mundial serviría a los propósitos intervencionistas que
han guiado siempre la política de Estados Unidos respecto a Cuba,
enderezados al debilitamiento del apoyo popular al proyecto
revolucionario cubano.
El turismo estadounidense puede ser de beneficio para ambas naciones y
pueblos si parte de relaciones respetuosas entre iguales.
Mayo de 2009..........
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LA REVOLUCIÓN ES UN DERECHO DE CUBA
Por Manuel E. Yepe
“La Administración del Presidente estadounidense Barack Obama debía
trabajar por lograr la reincorporación de Cuba a organismos
internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional”,
manifestó Paulo Nogueira Batista, un funcionario de dicho Fondo que
representa a Brasil y a un grupo de otros 8 países latinoamericanos en
el FMI, durante una conferencia sobre turismo mundial que tuvo lugar a
mediados de mayo en la ciudad brasileña de Florianópolis.
El llamado no es algo excepcional. De hecho, se incorpora a los muchos
que, tanto en Estados Unidos como en otras naciones, se formulan
constantemente contra un bloqueo económico que ha sido condenado, casi
unánimemente, por la comunidad mundial en la Asamblea General de las
Naciones Unidas, año tras año.
Son denuncias que forman parte de las críticas más generales a la
política de Estados Unidos contra Cuba que ahora están brotando en
muchos escenarios, como es el caso de los pronunciamientos a favor de
la restitución a Cuba sus derechos de pertenecer a la Organización
de Estados Americanos que proliferaron en ocasión de la Conferencia
Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, pese a que es sabido que
la nación caribeña rechazaría tal reinserción.
Es tangible la incongruencia que existe entre el significado de las
promesas de cambios que propiciaron al nuevo presidente de los Estados
Unidos su elección. Para las masas de votantes significan muchas
reivindicaciones sociales enajenadas no obstante la opulencia del
país, en tanto que, para las élites que detentan el poder verdadero
son las correcciones imprescindibles para evitar el derrumbe de un
orden imperial gravemente amenazado.
Pero la impunidad con que la superpotencia se ha permitido mantener
el evidente crimen de lesa humanidad del bloqueo a la pequeña isla
vecina durante medio siglo, pone de relieve lo inicuo y absurdo de ese
orden mundial a que se halla sometido el planeta y, así mismo, prueba
que éste no se limita a los factores económicos sino que ha marcado
profundamente la orientación política de mucha gente y grupos
sociales.
Es evidente que hoy, en Estados Unidos, son muchos y muy fuertes los
intereses que se movilizan contra el bloqueo económico de Cuba, la
prohibición de los viajes de estadounidenses a Cuba y la ausencia de
relaciones oficiales con la isla antillana.
Pero también es irrebatible que aún la mayoría de quienes abogan por
el retorno a la normalidad de los vínculos diplomáticos, económicos,
culturales y de todo tipo entre los dos países, se ven obligados por
las huellas de cincuenta años de malintencionadas campañas de
difamación, a acudir a la justificación de esta posición rectificadora
con el argumento de que la revolución cubana no ha podido ser
derrotada con las mañas agresivas hasta ahora utilizadas y es preciso
adoptar otras más sutiles.
Son minoría aún en Estados Unidos, a mi juicio, aquellos que –al
abogar o respaldar un cambio en la política de Estados Unidos respecto
a Cuba- parten del argumento de que la revolución es un derecho
inalienable que tienen los pueblos de todas las naciones del mundo y
que los cubanos se han visto obligados a ejercer tal facultad siempre
obstaculizados por una injustificable hostilidad de la potencia
militar y económica mayor del mundo, su vecino más próximo.
Por eso, no sorprende encontrar ahora a furibundos defensores de las
políticas más terroristas de EEUU contra Cuba abogando en contra del
bloqueo. Incluso entre cubanos residentes en los Estados Unidos que
han hecho de la agresividad contra Cuba su medio de subsistencia
aprovechando los abundantes recursos financieros que Washington ha
destinado al propósito de derrotar a la revolución cubana, se
encuentran hoy nuevos propagadores de la idea del cambio de los
métodos agresivos por los de la penetración, sin variar los
objetivos.
Es obvio que esta idea de intentar la derrota de la revolución cubana
desde adentro no es privativa de la nueva corriente política
estadounidense y de los contrarrevolucionarios cubanos que sirven a
Washington. Nadie ignora que los gobiernos de casi todas las naciones
del Norte, que durante muchos años han aconsejado a los de la
superpotencia líder del capitalismo mundial que levante el bloqueo a
Cuba, temen tanto el ejemplo de Cuba como el de EEUU.
Pero la revolución cubana, cuyo pueblo y sus líderes han dado muestras
de decisión y capacidad para librar las batallas más complejas por
afirmar su identidad y los derechos populares, no sería verdadera si
rehuyera el enfrentamiento ideológico como terreno de lucha para su
reafirmación.
La propaganda contra la revolución pagada por Estados Unidos acuñó
como consigna la de que Cuba se aprovechaba del bloqueo para
justificar sus errores o deficiencias, mientras impúdicamente se
trataba de aislar, hambrear y desalentar los bríos de los cubanos por
llevar adelante un hermoso proyecto revolucionario al que el pueblo no
ha renunciado ni renunciará jamás hasta verlo convertido en realidad.
Mayo de 2009............
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OBSESIONES ULTRADERECHISTAS EN EEUU
Por Manuel E. Yepe
Quienes quieran conocer en qué terreno se mueven en los Estados Unidos
aquellos individuos que no se ajustan a los códigos establecidos por
la élite del poder, pueden hacerse una idea de ello con la lectura de
un artículo profusamente difundido por la prensa escrita y digital en
ese país, originado por la organización Accuracy in Media (AIM o, en
español, Precisión en los Medios), dedicada a vigilar que la prensa y
los políticos no sobrepasen los límites establecidos para las
veleidades liberales, progresistas o de izquierda.
Dice el artículo, difundido este 24 de mayo bajo el titulo de “Speaker
Pelosi's Controversial Marxist Connections” ( en español“Controvertidas conexiones marxistas de la Presidenta de la Cámara
Pelosi” ), con la firma del editor de la AIM, Cliff Kincaid, que el
hecho de que la congresista desempeñe un cargo que automáticamente la
califica para disfrutar de facultades especiales constituye un peligro
para la seguridad de la nación por motivo de sus antecedentes y
relaciones.
Tan grave acusación es fundamentada por Kincaid en el hecho de que
Pelosi, por su cargo, es la segunda en la línea de sucesión
presidencial después del Vicepresidente y existe gran preocupación
acerca de si a ella pueden confiarse secretos de la seguridad
nacional.
Aclara el periodista que su acusación no se basa solo en el hecho de
que ella formulara recientemente acusaciones infundadas contra la CIA
a partir de lo que algunos funcionarios le confiaron acerca del trato
a prisioneros terroristas, sino por su estrecha relación personal con
la congresista pro-Castro Barbara Lee y con la familia de“progresistas” Hallinan, de San Francisco, varios de cuyos hijos
aparecen registrados en los anales del California State Senate
Fact-Finding Subcommittee on Un-American Activities (Comité del Senado
de California para la investigación de actividades anti-americanas)
porque en cierta ocasión estuvieron sujetos a indagación por sospechas
de que realizaban trabajos de propaganda pro-soviética.
Sobre la Representante Barbara Lee, el articulista Cliff Kincaid
considera que “es la más abierta apologista de la Cuba comunista en el
Congreso actualmente y encabeza el Caucus congresional negro, en
función de lo cual condujo recientemente una delegación a Cuba para
entrevistarse con los hermanos Castro a fin de discutir sobre la
normalización de relaciones, sin prestar atención a los disidentes ni
a los prisioneros políticos en la isla comunista”.
Dice que Barbara Lee ha calificado a la Pelosi como “una mujer
magnífica y una de las más grandes representantes de California”,
siendo que la congresista negra inició su carrera en el legislativo
californiano como miembro secreto de los Comités de Relaciones por la
Democracia y el Socialismo creados por el Partido Comunista. También
le señala a la congresista Lee haber colaborado con funcionarios
comunistas en Granada “según documentos capturados luego de la“liberación” de esa isla-nación por la invasión de los marines
norteamericanos.
Peores acusaciones hace pesar Kincaid sobre Pelosi por su amistad con
Vincent y Vivian Halliman, “una de las más radicales familias
izquierdistas de San Francisco en el curso de 5 décadas”..
Señala que, a la muerte de Vivian Halliman, Pelosi dijo que ella “fue
pionera, mentora y líder”, significando lo grave que resulta el uso
del término “mentora”.
Dice que Pelosi rindió tributo a Vivian Hallinan insertando en las
memorias congresionales un artículo en el que encomiásticamente señaló
que “se opuso a la política de EEUU en Centroamérica durante el
mandato de Ronald Reagan, hizo amistad con el líder sandinista Daniel
Ortega, de Nicaragua, y se reunió con el dictador cubano Castro.”
En cuanto a Vincet Hallinan, abogado fallecido en 1992, afirma Kincaid
que fue designado oficialmente por el Partido Comunista de Estados
Unidos como defensor de miembros clandestinos de ese partido y líderes
obreros. Le imputa haber sido candidato a la Presidencia por el
Partido Progresista, haber participado en 1953 en protestas por la
ejecución de los esposos Rosemberg, acusados de espionaje, y haber
viajado a la Unión Soviética en relación con el caso del piloto
estadounidense de un avión U-2 de la CIA, Francis Gary Powers,
derribado en 1960 cuando realizaba espionaje sobre la Unión Soviética.
Lo acusa, además, de haber sido un “ateo rugiente” que en cierta
ocasión acusó a la Iglesia Católica de fraude, demandándole que
probara la existencia del cielo y el infierno.
Este tipo de acusaciones por delitos de “amistades peligrosas”,
aplicado a una personalidad ubicada en tan alto nivel de dirección del
gobierno como la congresista Nancy Pelosi, permite una idea acerca de
la manera como actúa hoy en Estados Unidos el entramado“ético-jurídico” montado por los neoconservadores en los momentos
culminantes de su ejercicio del poder, con control sobre la Casa
Blanca y el Capitolio. Los efectos de las llamadas Leyes Patrióticas
sembradas con la proclamación de la supuesta Guerra contra el
Terrorismo, dotan a los ultraconservadores de elementos subjetivos de
presión que quedan impregnadas en forma de prejuicios por la acción de
los medios corporativos más allá de su vigencia oficial.
Mayo de 2009..................................... ............................................................................................. 
LA GUERRA DE LAS MENTIRAS CONTRA CUBA
Por Manuel E. Yepe
El solo hecho de que la política de bloqueo de Estados Unidos contra
Cuba se haya mantenido a despecho de que casi la totalidad de los
Estados que integran la Organización de Naciones Unidas la condenan
cada año, bastaría para demostrar su condición impúdica.
Pero el carácter obsceno de esa guerra económica que libra hace medio
siglo la superpotencia global única contra la pequeña y pobre nación
vecina radica, sobre todo, en que se ha fundamentado siempre en
mentiras para quebrantar la primera de las normas de la coexistencia
internacional: la condena de la intromisión de cualquier Estado en los
asuntos internos de otro.
Más allá de la ignominia que representa para los más de 300 millones
de estadounidenses aparecer como cómplices de un asedio llamado a
provocar sufrimientos, hambre y miserias a un pueblo vecino treinta
veces menor en número que defiende su independencia al costo de
cualquier sacrificio, la falsedad de los argumentos que han utilizado
las administraciones estadounidenses -con apoyo de una
inconmensurable maquinaria mediática que paga la ciudadanía con sus
impuestos- constituye un atentado a la razón y un grave menosprecio de
la inteligencia del pueblo norteamericano.
De inicio, se le mintió a los estadounidenses alegando que el“embargo”, como instrumento de presión, se justificaba porque la
revolución cubana había expropiado sin compensación propiedades de
grandes corporaciones estadounidenses, cuando el hecho cierto era que
Cuba cumplía todas las normas internacionales para actos de legítima
nacionalización y el gobierno de EEUU era el único que prohibía a sus
nacionales negociar los términos de compensación como lo estaban
haciendo los inversionistas de otras naciones con quienes en poco
tiempo se acordaron indemnizaciones satisfactorias.
Pasó después el bloqueo a justificarse por la amenaza que la
revolución cubana constituía para el sistema hemisférico, en cuyo
nombre Estados Unidos impuso un rompimiento colectivo de relaciones
con Cuba que acataron todos los entonces miembros de la Organización
de Estados Americanos, menos México. A medida que las naciones
latinoamericanas han podido avanzar hacia la afirmación de sus
soberanías, todas han restablecido sus vínculos con Cuba.
El apoyo de Cuba a la lucha armada de los movimientos de liberación
nacional en Latinoamérica sirvió también de justificación para el
bloqueo, pero ésta se fue haciendo obsoleta en la medida en que esas
fuerzas iban logrado la posibilidad de manifestarse en las urnas y de
otras maneras democráticas, traduciéndose así los nexos de Cuba con
ellos en una solidaridad abierta y transparente.
El alineamiento de Cuba con la URSS y China fue otra razón para acusar
a la Isla de violar los principios del panamericanismo, cuando en
verdad lo que preocupaba era su condición de país socialista
absolutamente independiente, su papel protagónico en el movimiento de
países no alineados y, en última instancia, su gran prestigio y
autoridad entre los pueblos y naciones del Sur.
Sin preocuparse en lo absoluto por la verdad, Estados Unidos ha
manejado contra Cuba el argumento de supuestas violaciones de los
derechos humanos, usando su formidable poder financiero como propulsor
mediático, pretendiendo ocultar que Cuba ha sido el país del
hemisferio donde más fielmente se han respetado los derechos humanos
en el último medio siglo, si se excluyen los desmanes en la cárcel que
EEUU mantiene en la base militar de Guantánamo, en territorio
ilegalmente ocupado a la Isla.
Y, en todo momento, se ha pretendido hacer ver que la presión ejercida
por los grupos extremistas cubano-americanos de Miami ha sido
responsable de que Washington no cancele esa política bochornosa que
condena al hambre y grandes privaciones a una nación soberana,
pretendiendo forzar a su pueblo a alzarse contra el proyecto
socialista de la revolución popular. Lo cierto es que estos grupos
fueron creados por la CIA y son aún financiados por el presupuesto
federal con partidas dedicadas a la “promoción de la democracia en
Cuba” que nutren arcas en Miami.
Cualquiera sabe de qué manera tan expedita es capaz EEUU de deshacerse
del “poder” de los lobbies de los adversarios de sus enemigos cuando
decide normalizar relaciones con un país “hostil”. Como Roma,
Washington paga a los traidores, pero los desprecia.
Ante la evidencia del fracaso del bloqueo, correspondería al gobierno
de Estados Unidos reconocerlo y proceder a reparar la ofensa dentro de
los principios del derecho internacional, pero es evidente que se ha
modelado una táctica que pretende limpiar la cara sin variar la
estrategia. Su discurso hoy reza así:"Después de 47 años, el embargo unilateral a Cuba ha fracasado en
lograr el objetivo de llevar la democracia al pueblo cubano. La
comunidad internacional exige que las sanciones sean más refinadas y
específicas contra los gobiernos rebeldes y que afecten menos a la
población civil porque las medidas generales aglutinan al pueblo en
torno a sus dirigentes y por ello se hacen contraproducentes”.
Todo parece indicar que, con esta nueva óptica, prosperan en Estados
Unidos -con idénticos fines neo anexionistas- nuevos planes y mentiras
más sutiles contra la independencia y el derecho de los cubanos a
continuar una revolución a la que, desde 1868 hasta hoy, han estado
convocados por Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Fidel Castro.
Junio de 2009 ...................................................................................................................................
PRENSA LATINA EN SU PRIMER MEDIO SIGLO
Por Manuel E. Yepe
El hecho de que una agencia de noticias que no responde a los intereses corporativos de la “gran prensa globalizada” haya existido y siga pujante al cabo de sus primeros cincuenta años de vida es tan sobresaliente como la supervivencia de la revolución cubana en un escenario de hegemonía imperialista que, medio siglo antes, hacía inimaginable algo semejante.
No fue Prensa Latina el primer proyecto liberador de los medios en la región, solo que los anteriores (como los intentos en Argentina y Brasil durante los gobiernos de Juan Domingo Perón y Janio Quadros, respectivamente) no resistieron mucho tiempo la fiereza de los grandes corporaciones del primer mundo en la defensa de sus monopolios.
Pero en Cuba había llegado al poder mediante un proceso de lucha armada popular, único camino viable entonces, un proyecto independentista y latinoamericanista propicio para la fecundación de grandes ideas revolucionarias que no solo permitió sino que exigió de una construcción tan ambiciosa como era la de Prensa Latina.
Tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista en enero de 1959, contra la revolución cubana, cuya orientación anti-imperialista era evidente, se desató una violenta campaña en los medios de prensa de todo el mundo, sin que Cuba dispusiera de recursos mínimos para hacer conocer al mundo la verdad acerca de todo aquello que estaba siendo tergiversado por los enemigos de su revolución, agrupados y apoyados, antes y después del primero de enero de 1959, por la Casa Blanca.
Con la misma espontaneidad con que Estados Unidos se lanzó al ataque contra el proyecto revolucionario cubano, los pueblos latinoamericanos desataron su solidaridad. Intuían que en Cuba se discutía mucho más que la independencia de uno de las naciones miembros de la comunidad latinoamericana. Percibían que algo nuevo, que tocaba a todos, estaba por ocurrir.
Los pueblos reclamaban noticias, querían conocer de las ideas y proyecciones de los líderes del proceso revolucionario y percibían manipulaciones malsanas en lo que decían los medios de prensa de todo el mundo, abastecidos fundamentalmente por un reducido grupo de agencias de prensa de países altamente industrializados, con orientaciones dictadas desde Washington.
De ese reclamo nació la idea de convocar en La Habana un encuentro de periodistas , que con la participación de más de 400 informadores de distintos países y variadas orientaciones políticas e ideologías, se celebró en el hotel Habana Riviera los días 21 y 22 de enero de 1959. Se le bautizó como "Operación Verdad".
De esta magna asamblea de comunicadores honestos emanó la recomendación de dotar a las naciones del Río Bravo a la Patagonia de un vehículo noticioso propio capaz de reflejar las realidades de los pueblos y sus luchas, sistemáticamente tergiversadas o silenciadas por las agencias de los países altamente desarrollados.
Con más audacia que recursos materiales suficientes, en junio de 1959, tan solo seis meses después de la toma del poder por la insurrección victoriosa contra la tiranía, la revolución cubana fue capaz de patrocinar la creación de Prensa Latina, cuya dirección fue encomendada a Jorge Ricardo Masetti, un joven periodista argentino que en el mes de abril de 1958 había subido a la Sierra Maestra –donde permaneció tres meses- para entrevistar a Fidel Castro, su coterráneo Ernesto Che Guevara y a otros dirigentes del Ejercito Rebelde a fin de informar al mundo de la lucha que se libraba en Cuba, silenciada por los grandes medios de prensa.
En el mes de septiembre de ese año, en Argentina, Masetti publicó una recopilación de las crónicas sobre su primer contacto con Cuba en el libro “ Los que luchan y los que lloran ”, que rompió el mutismo en torno a la guerra revolucionaria en la isla, al tiempo que mostró la plena identificación con la gesta independentista cubana de quien sería el fundador de Prensa Latina.
Desde su creación, Prensa Latina ha contado con el apoyo de un buen número de excelentes periodistas solidarios de América Latina que, a su vez, han contribuido a elevar la calificación profesional y técnica de cientos de jóvenes periodistas cubanos.
Como la propia revolución cubana que la creó, la agencia ha tenido que enfrentar un sinnúmero de agresiones: expulsiones de corresponsales; allanamientos policiales; clausura de sus oficinas; presiones groseras contra publicaciones clientes; asesinatos, amenazas y exclusiones de sus colaboradores.
No obstante, la agencia ha sido capaz de desempeñar un papel singular, cubriendo espacios vacios provocados por la pretendida incomunicación y el aislamiento diplomático de Cuba. A lo largo del medio siglo transcurrido, ella ha sido, cuando ha sido necesario, puente de amistad entre los pueblos de Cuba y el resto de América.
Prensa Latina es precursora del accionar independiente de la mayoría de los gobiernos del continente en tribunas internacionales o regionales, sin excluir la que fuera el “ministerio de colonias yanqui”: la OEA. Expresiones unitarias como la Alternativa Bolivariana para las América, TeleSur y las muchas otras que resultan de los esfuerzos integracionistas latinoamericanos, se inspiran en las mismas ideas que hace 50 años dieron lugar al surgimiento de Prensa Latina.
Junio de 2009...................................................................................................................................
PARA NO OLVIDAR A LAS VÍCTIMAS DE LA TORTURA
Por Manuel E. Yepe
“No obstante el impresionante marco jurídico e institucional establecido para impedir la tortura, ésta sigue siendo una práctica ampliamente tolerada o incluso utilizada por los gobiernos, y todavía existe impunidad para sus perpetradores”.
Así lo admitió el Secretario General de las Naciones Unidas en el llamamiento que, como cada año, emite la organización mundial desde que la Asamblea General, en su resolución 52/149 de 12 de diciembre de 1997, proclamó el 26 de junio como Día Internacional de apoyo a las víctimas de la tortura.
Por mucho tiempo se atribuyó un origen autóctono a la práctica tan extendida y uniforme de métodos represivos crueles, en especial la tortura de detenidos, en las cárceles y cuarteles militares de América Latina, durante la segunda mitad del pasado siglo.
Hoy nadie duda de dónde partieron las acciones y conceptos que divorciaron a los pueblos latinoamericanos de sus soldados y convirtieron a la tortura en práctica cotidiana contra los pueblos.
Cuando trascendieron a la opinión pública internacional las noticias -fotos incluidas- sobre torturas y otros tratos inhumanos contra prisioneros que las fuerzas armadas de Estados Unidos venían aplicando en las cárceles de Irak y en el centro de detención de sospechosos que tienen en la zona de la bahía de Guantánamo que ilegalmente ocupan en Cuba, comenzaron a ganar crédito las viejas denuncias que señalan el origen del fenómeno en la Escuela de la Américas establecida en 1946, en Panamá.
Por aquella época, en 1947, se creó también la CIA, Agencia Central de Inteligencia, tenebrosa organización criminal oficial del gobierno de los Estados Unidos que ha escrito en la región, y en el mundo, una de las más sucias historias de abuso, barbarie y terror que haya conocido la humanidad.
Hasta 1963, la Escuela de las Américas se denominó División Terrestre del Centro Latinoamericano de Adiestramiento ( Latin American Training Center - Ground Division), y debía servir para el entrenamiento de los dirigentes militares actuantes y la formación de los nuevos líderes que requirieran los ejércitos del continente.
A partir del triunfo de la revolución cubana en 1959, la Escuela de las Américas asumió una responsabilidad más precisa, emanada del fracaso que lo ocurrido en la isla había representado para la estrategia que el centro encarnaba: ahora debía servir para entrenar los cuadros llamados a evitar que el ejemplo cubano se extendiera por el continente.
El espacio para la “democracia representativa” disminuyó sensiblemente y la implantación de dictaduras militares proliferó por toda América Latina. No se respetaron tradiciones democráticas como las de Chile y Uruguay, ni las dimensiones de mega naciones como Argentina y Brasil.
A la Escuela de las Américas correspondió un importante papel en esta política de mano dura que tuvo su expresión más tétrica en la “Operación Cóndor”, a la que aportó la preparación de cuadros, la organización de escuadrones de la muerte contra insurgentes y el diseño de técnicas de interrogatorio y torturas.
Varios dictadores, jefes de policía y torturadores connotados que jugaron destacados papeles en la Operación Cóndor procedían de la Escuela de las Américas. Muchos de sus profesores y asesores participaron en esa guerra sucia contra Latinoamérica.
En 1984 la Escuela de las Américas fue trasladada al Fuerte Benning, en Columbus, Georgia, a raíz los acuerdos Torrijos-Carter y la firma del Tratado del Canal de Panamá.
En el año 2001, a causa del gigantesco volumen de denuncias que desde 1999 venían llegando al Congreso estadounidense por el contenido de los manuales de tortura con que se entrenaban los estudiantes de la Escuela de Las Américas, le fue denegado el permiso para operar a la Escuela.
El Pentágono “disciplinadamente” cambió el nombre a la institución, que pasó a llamarse Instituto de Cooperación para la Seguridad del Hemisferio Occidental (Western Hemisphere Institute for Security Cooperation) y efectuó algunos cambios cosméticos llamados a disimular los aspectos más graves de las violaciones de los derechos humanos que allí tenían lugar.
Hoy existe un debate en Norteamérica acerca de si los casos de torturas en las cárceles secretas deben ser tratados como información confidencial y el mundo está presenciando el insólito hecho de que Richard Cheney, vicepresidente de la nación hasta hace pocos meses, defienda abiertamente el uso de la tortura contra prisioneros e incluso pida mayor publicidad para los logros que derivan para el país de esos tratos inhumanos, a fin de procurar una mayor aceptación popular para esos tormentos.
Más allá de la denuncia y la protesta contra el fenómeno, el mundo debía también preocuparse por salvar a otra víctima de la tortura: la población estadounidense, que está siendo degradada moralmente por intermedio de la multitud de jóvenes soldados de esa nación que son obligados a aplicar suplicios a otros seres humanos, o entrenados para ello.
Junio 2009 ....................................................................................................................................
A DÓNDE PODRÍA CONDUCIR EL GOLPE EN HONDURAS
Por Manuel E. Yepe
Aún sin claro desenlace los acontecimientos desencadenados por el golpe de estado en Honduras contra el presidente José Manuel Zelaya, ya saltan a la vista y la inteligencia algunas importantes lecciones para los pueblos de América Latina sobre viejos temas en los nuevos tiempos.
Con espanto recibieron los latinoamericanos y caribeños en el último domingo de junio la noticia que revelaba la posibilidad real del regreso a un reciente pasado de opresión y represión pretendidamente sepultado.
Cobraron actualidad en el recuerdo los infaustos tiempos en que los ejércitos del continente se desempeñaban apenas como custodios de los intereses imperiales de dominación estadounidenses vigilando que los gobiernos de turno ajustaran su actuación al juego político democrático representativo, con normas y límites dictados por las oligarquías locales dependientes. Si alguno sobrepasaba los límites o quebraba las reglas, la hoja de parra se quitaba y eran lanzados los militares a la toma del poder.
Durante todo el siglo XX, el golpe de Estado, más o menos cruento, fue el recurso que sirvió para derrocar a los gobiernos nacionales que se desmarcaron de la subordinación a los intereses de las oligarquías y, de paso, llevaron al poder a repudiados dictadores que manchan la historia de prácticamente todos los países de Latinoamérica y el Caribe. Es rasgo común de todos los golpes de Estado en el continente el haber sido ordenados, organizados y/o autorizados por Washington.
Lo novedoso del golpe militar en Honduras es que ha tenido lugar en las condiciones de la nueva correlación de fuerzas políticas en América Latina y el Caribe que se ha ido estructurando a lo largo del último medio siglo, ahora con un presidente de características singulares en la Casa Blanca, envuelto en incógnitas o expectativas diversas para todos los bandos.
De ahí que algunos analistas políticos califiquen ya al de Honduras como un ensayo de golpe de nuevo tipo para responder a nuevas formas de lucha en la región, donde líderes izquierdistas libremente electos desafían el status-quo y se resisten a acatar los límites de la democracia permitida.
Así como el golpe de Estado en Honduras generó consternación, la masiva resistencia contra la asonada y el apoyo del pueblo hondureño al presidente Zelaya, con sus organizaciones sociales integradas en un pujante movimiento popular, han sorprendido a muchos especialistas.
Desde el primer momento, tanto en Honduras como en la región y el mundo, las especulaciones giraban en torno a la actitud que asumiría el gobierno de los Estados Unidos, principal sospechoso de haber instigado la asonada a causa de los antecedentes de su reiterado patrocinio de delitos de golpe militar en el continente.
Solo que en esta ocasión las esperanzas sembradas por el flamante presidente Barack Obama al proyectarse en su campaña electoral por una política de cambios muy diferente a la de su infausto predecesor prometían la posibilidad de una pronunciamiento estadounidense diferente.
Pero con el desarrollo de los sucesos han aflorado contradicciones en la actuación del gobierno estadounidense que no pocos estudiosos de la política internacional han considerado indicativas de que las miras del golpe no excluían objetivos neoconservadores hostiles a Obama.
Quienes mantenían, para no contrariar al presunto culpable, que había que negociar una solución con los golpistas, parecieron satisfechos de que, esta vez, el gobierno de Estados Unidos no violentó, como era antes su conducta habitual, el consenso regional ni obligó a sus más cercanos aliados a distanciarse de la voluntad de la mayoría, lo que permitió que prevaleciera la unidad regional.
Pero pronto se hicieron sentir en la actuación de Washington maniobras discordantes que dejaban en triste posición a su Presidente.
El discurso de Obama parecía definitivo cuando declaró que el golpe fue ilegal y que José Manuel Zelaya, democráticamente electo, seguía siendo el único presidente, al tiempo que reconoció que “sería un terrible precedente regresar a una era en que veíamos golpes militares como medios para transiciones políticas en vez de elecciones democráticas.”
Sin embargo, dos semanas después de formuladas estas declaraciones y otras aún más concretas en apoyo al regreso de Zelaya a la presidencia, Estados Unidos ni siquiera ha retirado a su Embajador de Honduras como lo han hecho los demás países del continente. Aunque oficialmente el gobierno de facto ha hecho ver que solo cuenta con el reconocimiento y apoyo externo de Israel y Taiwan, es evidente que la base militar de Palmerola, célebre por su papel en la guerra sucia contra Nicaragua durante el primer gobierno sandinista, donde hay cientos de miles de soldados estadounidenses, es el centro de mando del golpe militar y, junto con otros cientos de asesores en otras dependencias oficiales, Washington controla la situación en Honduras.
Como presagiara Fidel Castro, el más acreditado líder revolucionario continental, si el presidente Zelaya no es reintegrado a su cargo, una ola de golpes de Estado se desataría para barrer a muchos gobiernos de América Latina y la autoridad de muchos gobiernos civiles en Centro y Suramérica quedaría debilitada sin que los militares golpistas presten atención al poder civil de Estados Unidos.
Si ello ocurriera, la revolución incontenible que bulle en las entrañas del continente no se detendría. Con todas las condiciones subjetivas y concretas dadas para su desarrollo, la opción del cambio pacífico se habría esfumado y no quedaría más camino que el de la insurrección y la lucha armada, como la que libraron los cubanos hace 50 años, solo que ahora a escala de muchos países más experimentados y unidos, que no admitirán el despojo de sus modestos avances democráticos del pasado reciente ni el regreso a la violencia de los regímenes tiránicos y nuevas operaciones del tipo “Cóndor”.
Julio de 2009 ..................................................................................................................................
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..Libertad para los cinco
héroes cubanos